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  • LUIS RODRIGUEZ SALGADO

Convergencia creativa


Todos hemos sido educados en las mismas escuelas, hemos leído los mismos libros, hemos visto la misma televisión, hemos tenido los mismos profesores y los mismos padres y madres que esperaban de nosotros que estudiásemos y encontrásemos un trabajo para toda la vida.

De una combinación como esta, con los mismos ingredientes no podemos esperar más que el mismo resultado: respuestas convencionales a los problemas.

Los mecanismos básicos para evaluar la creatividad se basan en cuántas, cuáles y cuan sorprendentes respuestas puede dar una persona a preguntas como:

  • ¿Qué usos podríamos dar a una tableta electrónica?

  • ¿Qué utilidades podría tener un clip?

  • ¿Qué pasaría si se pusiesen peajes para entrar en una ciudad como Barcelona o se hiciese la ciudad únicamente para viandantes?

Si quieres saber cuáles son algunas de las utilidades de un iPad compruébalo en los siguientes enlaces: utilidad 1, utilidad 2, utilidad 3, utilidad 4, utilidad 5.

Este tipo de preguntas y sus respuestas derivan en dos perfiles de personas: las creativo-convergentes, que son la mayoría, i que hacen una interpretación clásica, básica y convencional del problema y sus soluciones; y las creativo-divergentes, una minoría entrenada, que estructura soluciones alternativas y altamente innovadoras, las cuales se salen de lo convencional.

El proceso creativo es, en cierta medida, un arte, por lo que no se puede forzar. En cambio, se puede entrenar para mejorar la calidad, la cantidad y la velocidad a la que podemos generar resultados.

Las personas solemos mostrarnos impacientes por encontrar una solución. Einstein entendía bien este problema cuando afirmaba que, si conociese de alguna catástrofe que pudiese acabar con el mundo en una hora, dedicaría 59 minutos a pensar sobre el problema y el minuto restante a encontrar la solución.


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